Museo Conmemorativo del Acero

Museo Conmemorativo del Acero

En un terreno angosto de 400 metros enfrentando a una transitada autopista y al lado de una estación de metro, liberamos la planta baja y la hicimos visual y físicamente permeable.
Obra
Museo Conmemorativo del Acero
Arquitectura
Fernando Forte, Lourenço Gimenes, Rodrigo Marcondes Ferraz
Ubicación
Sao Paulo, Brasil
Año
2010
Colaboradores
Ana Paula Costa Barbosa, Fabio Pittas, Ricardo Nucci.
Sup. terreno
9.698㎡
Sup. construida
7.584㎡
Web
www.fgmf.com.br

En un terreno particularmente estrecho y largo (400m) este proyecto resuelve una ecuación difícil: albergar un Museo del Acero -destinado a homenajear al acero- y Centro Cultural con su equipamiento complementario (teatro, salas de exposiciones temporales, salas de capacitación) y un edificio comercial que hará posible la gestión y explotación del ICEMA. Sin embargo,  más allá de las restricciones o exigencias, lo que  hace destacada la propuesta es la decisión de mirar sobre el proyecto a partir del espacio urbano, del espacio público. No es pues, el edificio lo que ordena el proyecto, es el no-edificio, el vacío público que lo sustenta. La decisión y la estrategia proyectual es acertada: el volumen hermético y de geometría prismática compleja del museo levita sobre una plaza rehundida, apenas suspendido de una estructura muy esbelta, ortogonal y respetuosa del trazado urbano. La plaza es el cobijo, el retiro necesario del ruido urbano, el acceso y, por sobre todo, el espacio público regalado, la sorpresa, la invitación al visitante. Una tenue piel de malla de acero describe el volumen ortogonal del espacio construido, más como un límite de la calle que como un límite de la plaza, agregando el porcentaje de sombra que ambienta el espacio de día y sostiene una luz reverberante en la noche. El proyecto actualmente en etapa de construcción nos provoca y seguiremos completando información en la medida que la obra avance.

F. Pfenniger

Como parte de la celebración de su 40º aniversario, el INDA (Instituto Nacional de Distribuidores de Acero - Instituto Nacional dos Distribuidores do Aço) invitó a FGMF a desarrollar un equipamiento cultural en la zona este de São Paulo.

El ICEMA (Instituto de Cultura y Educación - Museo del Acero), incluye un teatro para 500 personas, espacio para exposiciones temporales, salas de capacitación profesional y el Museo del Acero. La iniciativa forma parte de los esfuerzos de posicionamiento de la cadena del acero, haciendo hincapié en los aspectos ambientales y en el refuerzo de los programas de desarrollo social con a las comunidades circundantes.

El edificio debe mostrar el acero en sus múltiples aplicaciones y formas, con el fin de convertirse en un referente práctico de la versatilidad del material. Sin embargo, dada la relevancia del equipamiento y el aspecto social deseado, la propuesta arquitectónica no parte de un elemento sólido: el principal generador del partido adoptado es el espacio público. Más que un edificio, nosotros esperamos que el museo forme parte del tejido urbano, con experiencias permanentes para todos, y no sólo para aquellos que tuvieron la oportunidad de entrar en el espacio expositivo.

En un terreno angosto de 400 metros enfrentando a una transitada autopista y al lado de una estación de metro, liberamos la planta baja y la hicimos visual y físicamente permeable. Una plaza hundida, de acceso más controlado, funciona como un refugio para el vestíbulo del teatro, el acceso a las aulas, a un café y de los espacios técnicos del conjunto, además de proteger del ruido de la avenida. Sobre este vacío que simboliza las minas de donde se extrae el mineral de hierro, un gran volumen cubierto con plancha de acero cortén, suspendido por barras delgadas trabajando a tracción, cuelga de una estructura periférica simple y esbelta. Al igual que una nube metálica, este gran objeto se presenta en una forma inusual y orgánica, en contraste con la rigidez y la precisión de la estructura que lo soporta.

Representando las infinitas variaciones formales que permite el acero, este volumen suspendido crea un elemento curioso que despierta en los transeúntes el deseo de entrar y descubrir su contenido. El espacio interior, como denuncian las condiciones exteriores, es un entorno de contorno irregular y altillos independientes que están conectados entre sí por rampas. Dentro del museo, el formato irregular visto desde el exterior se convierte en un espacio rico de múltiples dimensiones, eventuales aberturas de cristal y chapa perforada que permiten vislumbrar la plaza hundida. Los vacíos y los intervalos entre los entrepisos alojan las instalaciones, esculturas, proyecciones y otros elementos que no tienen necesidad de ser apoyados en el suelo. Además de las diversas opciones de exposición, la solución hace que el circuito en la colección multimedia sea una experiencia sensorial única.

El acceso al museo se realiza directamente a través de una pasarela que sale desde el metro, en una derivación de celosía metálica que lentamente se convierte en el museo, formando una especie de túnel. El acceso se produce, por tanto, a través de un vestíbulo elevado que también se alcanza a través de la torre de circulación vertical. En el otro extremo del museo, hay una pasarela plana sobre la plaza hacia el teatro, donde las exposiciones temporales están en contacto directo con el público de las obras de teatro y conciertos, impulsando una mayor interacción entre los programas y los visitantes habituales de estas funciones inicialmente independientes.

Todo cubierto con chapa de acero negro, el teatro se erige como un monolito rígido y le da al museo el papel principal de la escena. Al mismo tiempo, la estructura que soporta el museo incorpora una malla de acero inoxidable que define mejor la plaza cubierta y la protege de la exposición directa al sol sin perder la luminosidad natural. El microclima en el espacio público se complementa con espejos de agua y los árboles cuyas copas se ofrecen a los transeúntes - un espacio abierto y generoso para los usuarios, pero protegido del caos de la autopista que lo bordea. Más que un pasaje, este vacío construido se emplaza como una alternativa de destino, un punto de interés en una región que carece de áreas generosas y de calidad para la población.

Durante el día, la malla de acero hace que el volumen del museo tenga un aspecto ligeramente borroso e indefinido, como una sugerencia de lo que hay. En los puntos estratégicos de la malla, donde la gente puede tener acceso al espacio público, uno puede ver las partes de ese elemento. Por la noche, sucede lo contrario: iluminado, el museo surge con fuerza en el paisaje, creando un hito imponente, una escultura que no honra al material de que está hecho, sino que a la población de sus alrededores.

El Museo forma parte de un complejo, pues, es un edificio comercial el que va a generar fondos para la construcción y el mantenimiento del centro cultural, además de promover las actividades sociales.

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