La casa del lobo

La casa del lobo

Las pieles sólidas, transparentes y traslúcidas se ordenan en un código coordinado de líneas, de llenos y vacíos
Obra
La casa del Lobo
Arquitectura
Arq. Julio Juárez Herrera - Darkitectura
Constructora
Darkitectura
Ubicación
Cuautitlan Izcalli, México
Ingeniería
Ernesto Viterbo
Año
2005
Colaboradores
Oscar Osorio, Brenda Vizcaíno
Sup. terreno
390m2
Sup. construida
360m2
Fotografía
Jorge Taboada
Web
www.darkitectura.com

Se trata de vivienda recogida sobre sí misma emplazada en un terreno bastante estrecho en los límites urbanos de ciudad de México. Es un juego de volúmenes que alternan las blancas caras sólidas, los planos traslúcidos y ocasionales notas de color, a veces trastocando (e ironizando) con las lecturas esperadas. El volumen superior más cerrado cobija los dormitorios (cuya privacidad se asegura por aperturas muy controladas de vanos) y parece flotar, apenas soportado, sobre el primer nivel acristalado de los espacios públicos. Las pieles sólidas, transparentes y traslúcidas se ordenan en un código coordinado de líneas, de llenos y vacíos. El muro perfectamente delineado que confina y limita el terreno es parte de la casa: conforma el cubo básico desde el que emergen el resto de los volúmenes cuya (des)alineación, arrítmicamente descalzada, provee unos interiores consistentes y armónicamente integrados.

F. Pfenniger

La Casa del Lobo se ubica en Cuautitán Izcalli, muy cerca del Lago de Guadalupe, donde la zona urbana de la Ciudad de México comienza a desaparecer. Es una casa introspectiva, donde solamente un balcón se asoma desde la recámara principal a ver el lago. Lo demás es un juego de cubos contenidos por la caja principal formada por los muros de colindancia.

Dos cubos sólidos en la planta alta flotan sobre tres cubos transparentes. Los cubos sólidos protegen la intimidad de las habitaciones, las cuales son iluminadas por aberturas muy sutiles en las uniones del techo y los muros, y por pequeñas franjas verticales en la fachada oriente.


Los cubos de vidrio albergan las áreas públicas, recibidor, cocina, comedor y una sala principal a doble altura; es aquí donde más se hace notar una transparencia que combina el lenguaje puro de los materiales de las Case Study Houses californianas con la espacialidad del raumplan de Adolf Loos, esta fluidez continúa por las escaleras y por un par de puentes ligeros que conectan los cubos entre sí.  A su vez, los cubos están divididos por un espejo de agua en el sótano que provoca la sensación de que el área más transparente, la de la sala, se encuentre en un permanente estado de flotación.

La caja de colindancia sirve para contener un jardín que rodea la casa y así crear un exterior privado, pequeños paraísos artificiales donde se pueda detener la vista. En estos exteriores termina el juego geométrico de los cubos, con punzadas de luz y vegetación que penetran la casa por cualquier ángulo. Por último, la fachada oriente, que evidencia la contradicción de los cubos transparentes que soportan el peso de los cubos sólidos, va un paso más allá en su ironía: en vez de romper la volumetría, se mantiene plana y juega con las aberturas verticales de la planta superior que forman un código de barras con la cancelería de la planta baja. De esta manera, el interior de la casa se fragmenta en líneas, el exterior codifica los movimientos al interior. Un código de tiempo, un código de luz.

 

Juan Carlos Cano

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