Parque Atlántico en Santander

Parque Atlántico en Santander

Los arquitectos recurren a la posición de la ciudad de Cantabria sobre el océano: puerto de salida y llegada de múltiples misiones, Santander celebra el Océano Atlántico cuya topografía, geografía y vegetación es representada rigurosa y metódicamente en el parque.
Obra
Parque Atlántico Santander
Arquitectura
Enric Batlle. Joan Roig, architects
Constructora
SIEC-URAZCA
Ubicación
Santander, España
Período
2006 - 2008
Año
2006
Colaboradores
Albert Gil, architect, Elena Mostazo, horticultural scientist, APIAXXI, engineering
Sup. terreno
30Há
Fotografía
Jorge Poo
Web
www.batlleiroig.com

Cabría preguntarse por qué comentamos en este sitio de arquitectura en acero un parque, una intervención urbana que intenta recuperar una zona de aproximadamente 30há amenazada, degradada y el humedal que contiene, más aún si la intervención está tan cargada de polémica y oposiciones de parte de algunas de las organizaciones y fuerzas vivas de la ciudad de Santander incluyendo a los propios partidos políticos en la discusión. Lo cierto es que lo que observamos en este proyecto de parque es resultado de una aproximación de contundente abstracción y simbolismo en este terreno desamparado confinado entre dos avenidas. A diferencia de la naturaleza, el proyecto de un parque demanda de un orden, una estrategia y de un hilo conductor que permite enlazar, vincular y relacionar sus partes, bordes, senderos, paisajes artificiales. Los arquitectos recurren a la posición de la ciudad de Cantabria sobre el océano: puerto de salida y llegada de múltiples misiones, Santander celebra el Océano Atlántico cuya topografía, geografía y vegetación es representada rigurosa y metódicamente en el parque. El proyecto no aspira a reproducir un pasado vegetal impreciso y se aleja, con decisión, de la tentación de re-naturalizar un paisaje que ya ha sido intervenido y afectado por largo tiempo. En tal sentido su propuesta es una síntesis y una geometrización del entorno más amplio del Océano Atlántico cuyos bordes y vegetaciones representa. No es pues, el entorno inmediato del lugar si no de todo el Atlántico en una mirada que honra la perspectiva que podemos –o debemos?- proponer en pleno siglo 21. Esta representación propone un orden que podemos entender y compartir –o no- pero que, con toda seguridad, podremos disfrutar. El parque es joven y nuevo para el tiempo de los parques. Sin embargo, ya da cuenta de que se recupera parte de la flora y faunas originarias y crecientemente, el humedal vuelve a ser el parador de distintas especies algunas de las cuales también nidifican. Así, el parque, restaura y recupera un espacio urbano con las leyes y un orden propio de la obra humana pero, al mismo tiempo recupera un tejido natural que, dentro de este orden, se establece sin dudarlo. Todo parque tiene un tiempo de crecimiento que supera ampliamente su plantación e inauguración y demanda, no sólo tiempo, si no de paciencia y disposición a dejarse sorprender en su goce. La alusión al acero que se plantea al inicio de este comentario, parece marginal y forzada, pero no lo es tanto. Desde luego lo encontramos en unos puentes, en unas barandas, incluso en las escalerillas que confinan los taludes. Ahí está, sin duda, cumpliendo su cometido y fue esa precisión la que nos interesó inicialmente en estudiar el proyecto. Sin embargo hay otra manera de entenderlo. El acero, como el parque, es el resultado del ingenio y el esfuerzo humanos, es resultado de la observación y reproducción meticulosa de condiciones de la naturaleza, o de parte de ella. Son sus atributos y características abstraídas y sintetizadas en procesos que podemos controlar, dentro de nuestras propias limitaciones, y sin embargo, proyectar mucho más allá de dichos límites. El acero, igual que este parque en que participa, es resultado del trabajo y del ingenio humanos, pero puede aportar, al igual que el parque, a recomponer y recuperar parte del tejido natural de nuestro entorno, nuestro medio ambiente que, claro, hay que mirar con el respeto y la perspectiva propias del siglo 21 que habitamos. 

F. Pfenniger

La Vaguada de las Llamas era una gran extensión de espacio abierto en las afueras de Santander reservado del Plan Maestro para ser convertido en un parque público. Su ubicación, en el centro de un importante crecimiento urbano perpendicular a la playa del Sardinero, su especial topografía de lecho de río y su forma alargada y estrecha (1.100 m de largo por 300 m de ancho) hizo de La Vaguada de las Llamas un elemento urbano altamente específico. Sumado a los datos físicos fue algo que hizo de Las Llamas un lugar verdaderamente único: la presencia de un curso de agua parcialmente estancada en su punto más bajo, dando lugar a una gran colonia natal de cañas que es único en su extensión.

Para nosotros, el diseño de un parque en Santander fue una oportunidad para experimentar en un contexto geográfico en el que hasta ahora no hemos tenido la oportunidad de trabajar. Tener el Atlántico como un contexto ambiental era una nueva característica, y queríamos explorar todos los aspectos, no sólo su botánica y la biología, sino también aquellas que influyen directamente en la morfología del proyecto.

El proyecto se basa en tres aspectos estructurales. La primera se refiere a la estructura urbana del parque. El parque se presenta entre dos caminos que definen su perímetro: uno pre-existente, la autopista S-20, y otro que está especialmente creado, paralela a la Avenida de los Castros, que recubre el parque del lado en que se ubican las universidades.

La entrada principal, coincidiendo con la rotonda del Estadio Deportivo de la ciudad, ofrece el acceso de vehículos al aparcamiento principal y hacia el propio parque a través de una arboleda que culmina en un mirador sobre La Vaguada y un anfiteatro verde. Esta entrada se propone relacionar dos niveles del parque de intensidad: uso masivo para grandes eventos que se celebren aquí y el nivel más íntimo de ir a dar un paseo y disfrutar del lugar por sus propios méritos.

Además de esta entrada principal hay dos más en todo el perímetro que comunican las dos conurbaciones que rodean el parque y conectan el parque con ellas: el área alrededor de las universidades, con una población fluctuante (durante la semana, en el día y en general, joven) y el desarrollo de la vivienda en la zona sur de la S-20 (permanentes, familias y un grupo de edad mayor).

El segundo nivel del proyecto tuvo que ver con la estructura morfológica del parque. La estrategia de la organización del parque se basa en el intento de reproducir en el sitio de la morfología revisada del Océano Atlántico, con una reproducción estilizada de su contorno para producir los caminos alrededor del perímetro y el propio océano como reserva para la colonia existente de cañas. La diferencia en el perímetro entre la forma del océano y el cañaveral se abordó mediante el aumento de la zona de carrizal y completarlo con un lago artificial que proporciona una reserva hidráulica y organiza su compromiso con el anfiteatro. Los contornos toman la forma de bancales plantados que bordean todo el parque, debido a eso las grandes diferencias de nivel. Los tramos horizontales de estas pendientes están plantados con vegetación, como terrazas, y generan los pasos, rampas y anfiteatros que dan a este nuevo límite geográfico la continuidad necesaria. La estructura laderas escalonadas del parque en tres niveles topográficos que organizan los principales diseños: uno en el nivel más bajo, junto a los cañaverales; la próxima mitad de la pendiente, con espacios para descansar y jugar, y una tercera paralela a las vías que delimitan el parque. Los tres toman la forma de caminos horizontales que van alrededor de todo el perímetro del parque, cada uno en un nivel diferente. El más bajo se destaca como el principal camino gracias a su pavimento de piedra, mientras que los otros están pavimentados con material elástico. Los caminos a través de los cañaverales están comprendidos por pasarelas con un bajo impacto en la estructura hidráulica y biológica de la colonia. Las rutas de estas pasarelas trazan viajes conocidos a través del Atlántico: Cristóbal Colón y Juan de la Cosa, las rutas de comercio de esclavos, las rutas comerciales entre Europa y los Estados Unidos, etc. Otros reproducen las líneas virtuales de los trópicos de Cáncer y Capricornio, y el ecuador.

El tercer y último nivel se refiere a la estructura de la vegetación. El diseño especial del parque, que reproduce la morfología del Océano Atlántico, permite que el sistema existente de cañaverales se alojen en el centro, el área equivalente al océano real, en el que se complementan y completan con un lago artificial. Las condiciones hidráulicas especiales requeridas por carrizales (nivel de agua, variedad de nutrientes y la calidad del suelo) se mantienen a lo largo. El resto de la vegetación del parque busca identificar con su ubicación, incluyendo un arboreto en base a especies de plantas de la costa Atlántica y se presentarán de acuerdo con las tiras geográficas en las que se organiza el parque. Cada una de las tiras se planta con la vegetación adecuada para la latitud representada en plantaciones lineales que son más densas o más escasa en función de su proximidad a la orilla del agua.

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