Nestlé Grupo de aplicación, Querétaro

Nestlé Grupo de aplicación, Querétaro

Reimaginar se entiende aquí como la invención de una imagen que se mueve entre la lógica operativa y el logotipo mediático.
Obra
Grupo de Aplicación Nestlé Querétaro
Arquitectura
Rojkind Arquitectos. Arquitecto a cargo: Michel Rojkind. Equipo de proyecto: Agustín Pereyra, Paulina Goycoolea, Moritz Melchert, Tere Levy, Isaac Smeke J., Tomas Kristof, Francisco Gordillo, Andrés Altesor, Juan Pablo Espinosa.
Constructora
SLCI Engineer - José Solis
Ubicación
Querétaro, México
Ingeniería
Ingeniería de fachada: VYCISA Juan Pablo Casillas, Cybelle Hernández. Ingeniería estructural: Juan Felipe Heredia
Período
2008 - 2009
Sup. construida
776m2
Paisajismo
Rojkind Arquitectos
Fotografía
Paúl Rivera/archphoto.com
Web
www.rojkindarquitectos.com

Son interesantes las reflexiones de Rojkind arquitectos que se presentan en la memoria del proyecto, pero son interesantes porque se pueden leer en la obra, que es el texto (o meta texto) sobre el que trabajamos los arquitectos. El arco y la cúpula intersectados, como tributo al contexto, prodigan el espacio, la continuidad, la luz y abren la interioridad de unos volúmenes que aparecen herméticos (la clave es la intersección, la que lo permite, no la cúpula). El color es el acento necesario. Notable es también la resolución de los aspectos constructivos que materializan lo ideado y lo acercan a las habilidades locales. La expresión tecnológica del conjunto ha de ser, como en este caso, también adecuada, o posible, que es otra forma de respeto por el contexto, esta vez en su acepción social.

F. Pfenniger

En su “Atlántida de hormigón”, Reyner Banham postula “una conexión causal, cultural y consciente” entre el modernismo arquitectónico y las estructuras utilitarias de cierto periodo industrial. De Loos y Berhens a Gropius y Le Corbusier, entre muchos otros, en los primeros años del siglo XX se planteó un constante viaje de ida y vuelta entre la arquitectura y la edificación industrial -hasta entonces marginada en tanto arquitectura- que seguirá siendo una característica incluso de la arquitectura contemporánea. Reimaginar la industria fue una tarea con la cual la arquitectura devolvió el favor de habérsele mostrado el camino para desembarazarse de la pesada carga formal y estilística de casi un par de siglos de academismo retórico y eclecticismo vacuo. Reimaginar se entiende aquí como la invención de una imagen que se mueve entre la lógica operativa y el logotipo mediático.

Este nuevo encargo planteó sin embargo un reto extra, además de la relación con las estructuras fabriles. La declaración del centro histórico de dicha ciudad como patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO en 1996 tuvo efectos imprevistos incluso en la periferia industrial: el nuevo edificio debía tener un pórtico con arcos -tradición obliga. Rojkind afrontó el problema a partir de una reinterpretación tanto del arco como del pórtico. Si el arco es un fragmento de cúpula detenido o bien -lo que a final de cuentas resulta similar- la cúpula un arco amplificado al girar sobre su propio eje, da igual: la cúpula cumple con la referencia al arco sin caer en cliché. En este caso, una serie de esferas intersectadas y multiplicadas cual espuma son la matriz de un espacio abierto y continuo -el pórtico- que se extiende mientras otro, formado por unas cajas ortogonales recubiertas con vidrio espejo satinado, contienen la proliferación de esferas -que a su vez lo socavan- y alojan el programa específico del laboratorio.

Mientras los exteriores son opacos, en apariencia metálicos e impenetrables, los interiores de estas cajas, pintados en distintos colores, tienen una calidad casi teatral: los investigadores enfundados en sus batas blancas flotan en una continuo azul, amarillo o verde que se recorta contra el del espacio contiguo, de color diferente y, a veces, cuando alguno de los paneles que recubren a las cajas se revela y abre como ventana, pueden adivinarse desde el exterior.

La construcción de este edificio -que en otras latitudes se hubiera resuelto, probablemente, mediante el uso de sofisticadas tecnologías para la producción automatizada de piezas únicas en correspondencia a la compleja geometría de las esferas- implicó traducir esas lógicas formales y espaciales a otra constructiva, simple y casi coloquial, que permitió a los trabajadores locales fabricar el espacio espumoso a partir de la intersección física de cúpulas semiesféricas armadas con arcos y anillos de varilla de acero.

El resultado final es una serie de contrastes unificados con aparente sencillez: el color metálico satinado del exterior, ligeramente reflectante, con y contra los colores brillantes y mates de los interiores; los planos abstractos de las cajas con y contra la exuberancia de las esferas entrelazadas. Puede que la fuerza de este proyecto se deba, quizá, a ese juego de opuestos que pueden, de manera dinámica y variando según la posición del observador, ser en un momento características dominantes y al siguiente discretas. La construcción industrial recupera así, repensado y recargado, algo de lo que le dio a entender en un tiempo a la arquitectura: claridad y contundencia.

 

Alejandro Hernández

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