Centro Cultural Palacio de Lecumberri

Centro Cultural Palacio de Lecumberri

Crear un espacio para el estudio y exhibición de los materiales interviniendo la antigua prisión de Lecumberri, con el fin de construir el nuevo edificio del Archivo.
Obra
Centro Cultural Palacio de Lecumberri, Concurso por invitación – 1er lugar
Arquitectura
at 103 (Francisco Pardo, Julio Amezcua)
Arquitectos asociados
Alejandro Hernández G., Hugo Sánchez
Ubicación
Ciudad de México, México
Año
2010
Colaboradores
Stefan Rasinger, Sigi Arenz, Rodrigo Lugo, Yareni Rebollar, Rosa Medrano Aaron Rivera, Mauricio Carvajal
Web
www.at103.net

No es infrecuente que los antiguos centros carcelarios de nuestras ciudades busquen reconvertirse y rehabilitarse para nuevas funciones. El proyecto de at 103 (Francisco Pardo – Julio Amezcua) en colaboración con Alejandro Hernández G., Hugo Sánchez se plantea en tres declaraciones o conceptos básicos que estructuran la intervención y convergen en una propuesta muy coherente: a) a escala urbana se declara que un edificio público debe ser también un espacio público, b) el edificio original en tanto valor patrimonial debe ser consolidado y no falseado y c) la activación del edificio se debía lograr aprovechando lo más posible lo existente y construyendo lo menos posible. Esta estrategia confluye en un proyecto que abre el conjunto al entorno revirtiendo su condición introvertida propia del uso carcelario, que recupera parte de la estructura original reconstruyendo adiciones posteriores, y que propone una pasarela central cuyo piso falso se convierte modularmente en mueble, muro, piso o mampara. Esperamos verlo construido para celebrar esta reconversión sin pérdida de memoria.

F. Pfenniger

Nuestra propuesta para intervenir y rehabilitar la antigua prisión de Lecumberri, construida en 1886 y que desde 1976 ocupa el Archivo General de la Nación, como un espacio para el estudio y exhibición de los materiales que resguardará el nuevo edificio del Archivo, parte de tres ideas quizás obvias pero que, por lo mismo, había que conjugar de una manera efectiva.

En primer lugar y a escala urbana, asumimos que un edificio público debe ser también, en buena parte, un espacio público. Las condiciones originales de Lecumberri –ser una prisión panóptica construida a las afueras de la ciudad– lo hacían un edificio aislado y vuelto hacia dentro. En relación a la ciudad, pues, pensamos que hay que abrirlo y conectarlo con su entorno. Aprovechando el desnivel que el hundimiento del edificio original ha provocado en relación a las calles que lo rodean, generamos dos niveles distintos y complementarios de ocupación del sitio. Uno totalmente público, al que llamamos nivel parque, desde el cual se puede acceder libremente para recorrer los jardines y espacios abiertos de la antigua prisión, y otro, público pero controlado, al que llamamos nivel ciudad, que desde la banqueta y a través del acceso principal llega al primer piso de las crujías y, mediante un nuevo edificio al centro del patio, que hace las veces de vestíbulo y zona de información, distribuye hacia cada una de las alas del Archivo, organizadas desde las de mayor interés público –como el museo de sitio y la galería de exhibiciones temporales– hasta las de uso más específico –como la biblioteca y las salas de consulta e investigación.

En segundo lugar, entender las condiciones físicas y espaciales del edificio original y, asumiéndolo como patrimonio pero sin monumentalizar su antiguo uso, consolidarlo sin falsearlo. Del edificio se recupera y mantiene aquello que persiste de la estructura original, aprovechando su propia lógica para la nueva intervención. Originalmente las crujías se organizaban a lo largo de un patio abierto, casi una calle, y con unos pasillos ligeros que servían de acceso a las celdas en el primer nivel. En 1976 esos patios fueron techados con una losa de concreto que esta intervención propone eliminar para techarlos sólo parcialmente con una cubierta traslúcida y ligera que mantenga la luminosidad y permita su ocupación. Además se invierte la manera en que funcionaban las pasarelas, dejando vacío donde antes era paso. También se aprovecha la manera diferente como se construyeron los muros de las celdas en los niveles inferior y superior –de piedra el primero y de paneles metálicos en el segundo– para disponer los espacios que requieran mayor continuidad en el primer nivel –donde los paneles pueden retirarse con menores complicaciones estructurales y constructivas– y aquellos que funcionan bien en espacios reducidos colocarlos en la planta baja.

Los dos puntos anteriores se conjugan con el tercero, que ataca el nivel programático. Había que activar al edificio usando al máximo lo existente y construyendo al mínimo. Tanto la estrategia urbana como aquella que se refiere al edificio original, permiten y de cierta manera implican una estrategia programática que redistribuye los usos según su relación con el público, complementándolos con jardines y espacios abiertos total o parcialmente públicos o de acceso controlado o restringido.

En resumen, se mantiene y clarifica la estructura formal del panóptico, sin hacer uso de elementos alegóricos o simbólicos que, aunque sea sin intención, sugieran alguna nostalgia por el uso carcelario y, al mismo tiempo, se busca abrir tanto al edificio como a la institución que cobija, sin poner en riesgo las exigencias de seguridad, para convertirlos en un elemento más del entorno urbano.

UN EDIFICIO PUBLICO DEBE SER PUBLICO

Por razones de programa y uso, la lógica original del Palacio de Lecumberri lo aísla de la ciudad y, como riguroso mecanismo de control lo vuelve hacia dentro, como un edificio “introvertido”.

La primera condición cambió parcialmente con el tiempo y el crecimiento de la ciudad, pero las características del programa original y, por otro lado, el hundimiento del terreno, continuó siendo un edificio aislado del entorno e introvertido –lo que en parte fue aprovechado para el nuevo programa: archivo histórico. 

Al trasladar el resguardo y la conservación de documentos a un nuevo edificio adjunto, se presenta la oportunidad de abrir a la ciudad al viejo palacio de Lecumberri.

La estrategia urbana de aprovechar el espacio público como conector se realiza con una operación básica: entender que el nivel de la ciudad, aproximadamente a dos metros por encima del sitio del AGN, puede extenderse por un lado hacia el interior, haciendo del primer nivel el de acceso y, por otro lado, hacia el espacio abierto de la antigua prisión, que se suma así al espacio público circundante, haciendo que el inmueble funcione como una conexión urbana.

  • El nivel ciudad sirve de acceso y continua, atravesando el edificio frontal, para, con una ligera pendiente, llegar al vestíbulo central que organiza las galerías. Así, el acceso de visitantes al museo y de investigadores es al primer nivel.
  • El nivel parque conecta los espacios públicos verdes que rodean al AGN, aprovechando el lado sur del terreno, organizando accesos, servicios, zonas de carga y descarga y control hacia los nuevos espacios verdes de Lecumberri.
  • El nivel parque también conecta hacia el oriente el parque existente con los espacios verdes del AGN, los edificios entre el parque y el Archivo sirven de control de acceso y algunos dan servicio hacia ambos lados, activando al parque.
  • La circulación interna se articula y, al mismo tiempo, diferencia, mediante dos ejes que organizan, norte-sur, administración e investigación y, oriente-poniente, lo público.
  • Las áreas verdes del Archivo General de la Nación como parte de un sistema de parques urbano.
  • El parque al oriente del edificio, accesible permanentemente, se abre en horarios controlados a las zonas públicas del AGN.
  • Las oficinas administrativas, comedor de empleados y zona de talleres y carga comparten una zona abierta de acceso restringido.
  • Las zonas de investigadores y la biblioteca comparten una zona abierta con acceso controlado.

CONSOLIDAR RECUPERAR SIN FALSEAR

En tanto edificio con valor histórico y arquitectónico, como ejemplo de la arquitectura carcelaria panóptica del siglo XIX en la ciudad de México, la antigua prisión de Lecumberri debe aprovecharse para el nuevo uso revalorizando las condiciones de su estado original, recuperándolas hasta donde sea posible, sin repetir falsamente elementos ya para siempre desaparecidos.

Le estrategia de consolidación del edificio existente parte de reconocer las condiciones del edificio original ( plano 1), determinar qué alteraciones posteriores afectan tanto la comprensión como la operación del edificio (plano 2) y regresar al estado original sin reposiciones ficticias (plano 3).

En la sección de las galerías esta misma estrategia determina la operación que regula buena parte de la intervención. En la sección original, los patios (plano 4), abiertos, conectaban las celdas del nivel superior mediante estrechos pasillos soportados por viguetas. En la intervención del 76 (plano 5), esos pasillos fueron sustituidos por una ménsula corrida de concreto y el patio fue techado, lo que cambió radicalmente la lógica del espacio, además de su iluminación, ventilación y las vistas desde los patios. La operación básica de consolidar el edificio antes de intervenirlo (plano 6) será retirar el techo y los pasillos añadidos, entendiendo que no tiene sentido reponer éstos últimos del modo original y abriendo así la posibilidad de otra forma de ocupar ese espacio.

En planta, la estrategia básica de consolidación implica, mientras el programa lo permita, mantener la mayor cantidad de muros intactos en la planta baja, donde son de piedra y la continuidad del nivel del suelo permite fácil acceso, mientras que en planta alta –también de acuerdo a las condiciones del programa–, los muros divisorios de las celdas, construidos a partir de paneles, se desmantelan según la modulación de los mismos paneles. Se generan así espacios destino (plano 7) y espacios de tránsito (plano 10), así como algunos entre estas dos condiciones.

USAR AL MÁXIMO, CONSTRUIR AL MÍNIMO

La intervención reorganiza espacial y programaticamente al conjunto de edificios del AGN, haciendo que, sin necesidad de añadir demasiados metros cuadrados de nueva construcción ni cambiando radicalmente el modo como funcionaba el edificio de la prisión, los espacios existentes multipliquen el potencial de uso, tanto al nivel urbano de conectar con el entorno y ofrecer espacios públicos abiertos, como hacia adentro, permitiendo diferentes formas de ocupación y la construcción por etapas de las distintas galerías a partir del núcleo central del vestíbulo.

La intervención activa al edificio ocupando de manera precisa el vacío central y de los patios de las galerías para generar, en el primero, un nodo que distribuye el acceso desde el nivel ciudad hacia las distintas galerías y en las mismas un sistema de pasarelas que comunican, produciendo a veces dobles alturas y organizando, como piso y muros falsos modulares, los sistemas de ocupación de cada espacio. Los patios originales, al cerrarse, producen distintos tipos de espacios y una relación rica entre espacios abiertos interiores, exteriores, públicos o controlados.

Planos: 

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