Capilla El Roble

Capilla El Roble

Una delicadeza aparte es la disposición no alineada de las columnas de tubulares de acero en el voladizo de la cubierta que crea un espacio lateral extendido hacia el bosque cuyos troncos parece evocar
Obra
Capilla El Roble
Arquitectura
57STUDIO / Maurizio Angelini, Sebastián Espinoza, Benjamín Oportot
Constructora
JCF. Jorge Carrasco
Cliente
Ana María Amadori
Ubicación
Coelemu, Región Bío-Bío, Chile
Ingeniería
Ignacio Vial / Oscar Buzeta
Período
2002 - 2003
Sup. terreno
1200m2
Sup. construida
110m2
Materialidad
Concreto Armado, Acero, Madera, Piedra
Paisajismo
Juan Grimm
Fotografía
57STUDIO / Guy Wenborne

La descripción de los autores expresa muy bien las intenciones del proyecto que se aprecian y valoran en el recorrido por planos (muy finamente presentados) y fotografías. No cabe duda, es un lugar de recogimiento, de meditación integrado en la naturaleza y bosque circundantes. La forma de llegar, el muro curvo de piedra que nos conduce al acceso, el espacio que se adivina detrás del gran muro blanco que limita el volumen principal (el espacio de la comunidad), el volumen transversal de mayor altura que baña de luz al altar, los límites tan desmaterializados hacia el parque y jardín y la torre con su fina cruz calada, todo habla inequívocamente de un espacio religioso, respetuoso, de paz. La estructura es mixta de muros de hormigón y algunas columnas de acero. Grandes vigas IPE de acero resuelven con acierto la cubierta de plancha emballetada como se puede comprender en el detalle que nos adjuntan. Una delicadeza aparte es la disposición no alineada de las columnas de tubulares de acero en el voladizo de la cubierta que crea un espacio lateral extendido hacia el bosque cuyos troncos parece evocar. El frente de puertas completamente practicables en el fondo y la continuidad del pavimento y amplían el espacio de congregación. La vista se extiende en lontananza sobre los lomajes del entorno. El estudio de la solución de la cruz nos habla de una búsqueda meticulosa que podemos adivinar acompañó todo el proceso del proyecto que se aprecia. Hay una simpleza muy reposada en esta arquitectura, un equilibrio muy justo.

F. Pfenniger

El encargo fue diseñar una pequeña capilla familiar para cuarenta personas sentadas, en un terreno con leve pendiente junto a un bosque de aromos australianos. Desde lo alto, se tienen vistas a un conjunto de construcciones vernáculas (casas y bodegas vineras en adobe) insertas en un paisaje natural de viñas, pinos y bosques nativos.

La idea consistió en provocar con simpleza el sentido propio de los espacios religiosos y manifestarlo a través de su comunicación con el entorno natural. Se provocan las instancias de reflexión a partir del recogimiento que produce estar en ese ambiente natural, creando espacios abiertos y manteniendo el colorido y las texturas de los materiales utilizados en la arquitectura existente.

  

El programa se desarrolla contra la pendiente, donde un muro curvo en piedra guía el ingreso por el costado, para llegar a una nave central bajo una cubierta plana de 10 x 10 mts. La nave, que por el costado se abre al bosque a través de un ventanal, mira hacia una caja de doble altura de 9 x 3 x 4,5 mts. que alberga el altar, un pequeño coro al costado y bajo éste, la sacristía. La salida se produce a través de tres puertas pivoteadas que se abren completamente hacia un terraplén de extensión que domina visualmente el lugar. Tras el altar se sale hacia un pequeño patio de meditación, desde el cual se puede subir al coro, o adentrarse al bosque hacia un recorrido en medio de la naturaleza.

La cruz, símbolo del espacio religioso que representa, está calada en un delgado muro que se levanta al cielo por delante de la cubierta. Proyecta su sombra en el muro tras el altar durante dos meses en el año, y el calado permite verla a contraluz desde el bosque.

El espacio de la capilla se vive desde afuera, y estando en su interior la pulcritud de los detalles hace más fuerte estas sensaciones. La baja altura del cielo de madera, la levedad de los asientos carentes de respaldo, así como las puertas carentes de marcos, diluyen los límites, focalizando la atención en la luz del altar y la naturaleza del entorno.

Planos: 

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