Por qué proyectar y construir en acero: una aproximación.

Por qué proyectar y construir en acero: una aproximación.

En la vida cotidiana muchas veces damos por sentadas o por obvias la existencia de algunos objetos o materiales sin preguntarnos ni reparar mucho en el esfuerzo humano, técnico y económico que puede y suele haber detrás de su humilde existencia. Lo mismo nos sucede también a los que compartimos el oficio de la arquitectura y construcción. Entre los objetos simples e ignorados (y muchas veces desechados) están, por ejemplo, los clavos en la obra o los clip y los corchetes en una oficina. Yo celebro su existencia porque con su aporte sencillo han contribuido a resultados en algunos casos notables, tal vez insospechados. Celebro, también el esfuerzo que los sustenta y que, para muchos, puede ser inimaginable. Por distintas razones he tenido la suerte de conocer muchas industrias productoras de materiales, sistemas y componentes de construcción y siempre me han cautivado el trabajo, la ingeniería (el ingenio) y la exploración e investigación que hay detrás de los procesos productivos y los productos elaborados. En algunos casos me han sorprendido las magnitudes de tal esfuerzo, concentrados en un solo emprendimiento o distribuidos a lo largo de la cadena de valor. Es, sin duda, el caso de la industria siderúrgica. Desde la propia minería y los hornos primarios, o los vastos centros de acopio de la chatarra y el largo proceso de recolección y transporte, o la fundición, la colada continua o los laminadores en caliente hasta los procesos de transformación posterior, los laminados en frío, los conformados, los procesos de corte y soldadura o la transformación final en un pequeño taller, se desarrolla una cadena que agrega valor y contenido en cada etapa, dignificada por el trabajo humano que la hace posible. Es un trabajo titánico, un esfuerzo técnico y económico proverbial, una muestra de la capacidad transformadora del hombre. Hay quienes sostienen que sin este material y sin este esfuerzo, buena parte del desarrollo reciente de los últimos siglos no habría sido posible y mencionan la máquina de vapor, la imprenta, las telecomunicaciones, la exploración espacial, la medicina, la computación entre muchos otros. Esto incluye los aciertos y los yerros, por supuesto, como toda la historia de la humanidad, y podrá tener distintas miradas e interpretaciones, pero no podremos evitar reconocer al acero como una actor relevante, principal o secundario, protagonista o de reparto. Hoy, en esta cadena se hacen esfuerzos relevantes para mejorar sus condiciones de sustentabilidad, reducir su huella de carbono, su huella de agua, su energía incorporada. Es una tarea que nos convoca a todos, no sólo a la industria productora y procesadora, una tarea en la que los que proyectamos y los que construimos podemos hacer aportes significativos, especialmente en consideraciones de diseño que aporten eficiencia en el uso y la vida útil de aquello que proyectamos, incluidos su desarme, reutilización, reciclado y/o disposición final. Sin embargo, no es en ello que quiero detenerme: dará para otro comentario.

Hace ya varios años que en este sitio hemos tenido la oportunidad de presentar proyectos de arquitectura en acero en las distintas categorías en que las hemos ordenado. También hemos hecho el esfuerzo de compartir el máximo de información respecto del material, su producción, las distintas formas y formatos en que se encuentra disponible y los variados sistemas constructivos que, a partir de todo ello, se han desarrollado para permitir concebir y erigir las obras a las que hacemos mención. El acero ha sido el hilo conductor de este esfuerzo, el acero que tiene su origen primario en el mineral de hierro y que hoy se produce tanto en empresas siderúrgicas integradas como en acerías con altísimos porcentajes de reciclado. Nuestro norte ha sido poner en valor y destacar las buenas obras de arquitectura e ingeniería realizadas con el material, destacar sus atributos y comentar las limitaciones o restricciones que debe enfrentarse en las etapas de diseño, construcción y de uso. Son 6 años de dedicación intensa en que hemos compartido y  -sobre todo- aprendido mucho de los arquitectos e ingenieros, de sus obras, pero también de la industria que hay detrás del material. Más allá del objetivo  obvio de contribuir al creciente y mejor uso del acero, nos mueve el interés de difundir las obras que lo hacen y concentrar la muestra en un solo sitio como testimonio dinámico de lo que es posible hacer o imaginar con el material. No tenemos herramientas para medir si hemos contribuido o no al objetivo inicial, pero no podemos menos que sentirnos agradecidos por las siempre crecientes visitas que hemos ido acumulando en nuestro sitio, según nos reportan las estadísticas. Por ello nos parece pertinente hacernos, nuevamente, la pregunta de por qué construir en acero.


Roundhouse

En los últimos 150 años, la arquitectura y construcción metálica ha evolucionado paralelamente al desarrollo tecnológico, iniciando su camino tal vez tímidamente, a partir de la participación parcial en piezas y partes hasta cubrir la concepción global de la obra de arquitectura o ingeniería. Hay hombres, hay nombres que contribuyeron significativamente a trazar la línea de esta exploración que surge del material. Motivados por la curiosidad o la demanda, la capacidad de investigación o la inclusión de otros avances tecnológicos, la observación y reflexión sobre arquitectura e ingeniería, incorporan al material a la paleta de posibilidades estructurales hasta convertirse en parte de un léxico, de una forma de ver, hacer y practicar la concepción y la ejecución de las obras. Aún a riesgo de ser injusto, me atrevo a mencionar a J. Paxton, H. Labrouste y Dutert en la Europa del siglo XIX y a J. Bogardus, William le Baron Jenney y a P. Sullivan en Norteamérica, cada uno en la especificidad de su aporte, como los precursores de lo que habría de llegar, los que permitieron iniciar siglo XX con una sustrato de obras consistente y coherente.


Guaranty Building (hoy Prudential Bldg.) – Buffalo – L. Sullivan D. Adler – 1894 - detalle cornisa


Fair Store Building

Ya a principios del siglo XX la industria proveedora de materiales de construcción presentaba progresos casi simultáneos. La industria del cemento, la industria del vidrio y la consolidación del proceso de producción del acero dan, con el giro del siglo, un salto significativo que impacta en la diversificación de la oferta de productos, la reducción de costos de producción y la disponibilidad y oportunidad de uso que les permiten incorporarse crecientemente en obras de arquitectura y la construcción relevantes. Sería pretencioso suponer que la sola aparición de los nuevos materiales y las técnicas de construcción impulsan el cambio y la renovación profunda en la arquitectura: el siglo XX representa un proceso social, político, económico, industrial y tecnológico complejo del que la reflexión de la arquitectura no estuvo ausente, pero que excede con mucho la posibilidad de esta reflexión. El material que nos convoca, al que a partir de entonces podemos llamar con propiedad acero, resulta de la aleación del hierro con proporciones bajas y controladas de Carbono, más algunos metales agregados que modifican o mejoran sus propiedades físico-mecánicas, su resistencia a la corrosión, su dureza, entre otros. El acero es isotrópico y tiene atributos especiales y conocidos, entre los que siempre cabe destacar su alta resistencia a la tracción, la mejor relación masa–resistencia entre los distintos materiales de construcción, su soldabilidad, que permite uniones y conexiones eficientes, limpias y seguras, su ductilidad que se expresa en su capacidad de sufrir grandes deformaciones antes de la ruptura y, como resultado de todo lo anterior termina ofreciendo un excelente comportamiento frente a solicitaciones sísmicas, tema no menor en la región. A todo ello se debe agregar una condición absolutamente atingente y casi exclusiva entre los materiales de construcción: es 100% e indefinidamente reciclable.  

Con obstinada reiteración yo suelo agregar otras ventajas no menores como son su origen industrial de producción bajo normas internacionales ampliamente aceptadas lo que, además, le  permite someterse a un riguroso sistema de gestión de calidad (control y certificación) que termina asegurando un producto final razonablemente homogéneo cuyo comportamiento en obra es esperablemente previsible. Hay que destacar que en las últimas décadas, los procesos de transformación del acero también se han industrializado, tecnificado y diversificado de manera importante lo que redunda en una amplia gama de productos disponibles para nuestro uso en arquitectura y construcción. Esto último se agrega a la creciente relación entre el diseño y producción de piezas y partes a partir de tecnologías cad-cam que ha permitido la modelación y fabricación en forma casi seriada de elementos y productos únicos.


Puente peatonal Can Gili


Recuperacion del paseo tramo Albisola-Liguria


Puente Trencat  

Finalmente, en palabras del arquitecto chileno Alberto Montealegre, el acero es prefabricado por excelencia, lo que toca un aspecto que es especialmente interesante y sensible. Esta condición significa la paulatina transformación de las obras de construcción en obras de montaje, faena seca cuya implicancia no debe menospreciarse. Es sabido que toda el agua que incorporamos a una obra debe, finalmente, eliminarse antes de algunas faenas de terminaciones y, sin ninguna duda, antes de su puesta en operaciones. Las construcciones están sometidas a diversos tipos de humedades, entre las que se pueden mencionar en primer lugar, las humedades de construcción, las humedades del suelo, las humedades causadas por la lluvia, las humedades causadas por la condensación y las humedades accidentales. Las faenas húmedas dejan atrapadas en muros, losas y cielos enormes cantidades de humedad que deben disiparse lentamente, muchas veces en procesos que toman meses. El tiempo de secado excede en algunos casos el propio tiempo de ejecución de la obra y depende del material, del espesor, de la temperatura y de la humedad relativa ambiente. Todo esto se reduce o minimiza en una faena seca. Por otra parte, la prefabricación también permite reducir los excedentes de obra, optimizar los espacios de bodegaje en terreno, mejora los procesos de gestión y control de calidad (al trasladar una parte de ellos a plantas industriales), reduce plazos y consecuentemente reduce gastos generales y financieros, lo que puede redundar en costos finales menores. Los procesos de prefabricación de la construcción en el mundo han evolucionado desde el concepto de la prefabricación cerrada (o total) a una prefabricación abierta (o por componentes) distanciándose de las soluciones masificadas y uniformes de la posguerra y logrando el objetivo de mejorar la calidad final de lo construido.

 
Refugio Delta
  //  Residencia Montecito  //  Sede iGuzzini Ibérica
    
Con todo, como todo material, este acero que parece tan sugerente y perfecto también debe aceptar algunas limitaciones. Ya se habrán comentado varias de ellas, por lo que me limitaré a mencionarlas, sólo para no olvidarlas. Se trata de la resistencia al fuego, la corrosión y en menor medida, su conductividad térmica y su coeficiente de dilatación térmica. Para todas ellas hay soluciones técnicas y recomendaciones de diseño que están disponibles en nuestro sitio www.arquitecturaenacero.org.

Así, el acero, con todos sus atributos y sus conocidas y adecuadamente controladas limitaciones permite construcciones esbeltas, livianas, transparentes y limpias. Todas ellas parecen características exclusivamente formales o propias de la reflexión arquitectónica, sin embargo las dos primeras tienen, a su vez, una expresión económica. La esbeltez en planta significa una ganancia importante de superficie útil por la diferencia de sección de las columnas. Se ha estimado que en el caso de edificios en altura, este incremento de superficie útil puede llegar al 3%. Por otra parte, la esbeltez en corte puede representar significativos disminuciones en la altura de los entrepisos (envigados) con su consecuente impacto en la reducción de la altura total del edificio o el logro de mayor cantidad de niveles bajo una altura definida. Todo ello conduce a reducciones del peso total del edificio lo que adicionalmente incide en reducciones en las magnitudes de las excavaciones y fundaciones. Así, este atributo arquitectónico es, desde el punto de vista de los costos y los beneficios, perfectamente mensurable. Las construcciones en acero permiten altos grados de transformación y reforma del espacio construido, refuerzos progresivos ante cambios de las condiciones de diseño, movilidad y transportabilidad y, finalmente, un adecuado y eficiente proceso de desmontaje y recuperación tanto de los elementos estructurales como, eventualmente, del acero con que ellos están conformados.


Méliès chair // Pabellón de Brasil en Expo Milán // Museo de Tiro de Duderstadt

En palabras del arquitecto chileno Iñaki Volante, el acero representa precisión, rigor, economía y universalidad, fundamentos de la arquitectura moderna. Pero la arquitectura reciente en acero pone en evidencia un atributo adicional: la libertad. Libertad de diseño y de cálculo, libertad fundada en sus atributos y en el ya comentado correcto manejo de las limitaciones, ecuación que se traduce, finalmente, en seguridad. En otras palabras, el acero nos regala libertad fundada en la seguridad (y esto involucra al material, a la industria, a los diseñadores y a los constructores) así como seguridad fundada en la libertad. En otras palabras, el acero no impone sino que permite. Si el hormigón es formáceo, el acero es libre, adaptable y, especialmente dúctil (no sólo en su acepción estructural del término sino, especialmente, en su aportación a la arquitectura). Esto, que podría parecer publicitario, me parece que no es menor visto desde la perspectiva de los diseñadores y constructores: es posiblemente una de las razones más poderosas para proponerse proyectar y construir en acero.


Puente de Arganzuela //  IronBank  // Cabaña Delta


Habitat-1 // Capilla Mortensrud // Museo de Monteagudo


Las Escaleras al Kriterion
// Just Be // Refugio de materiales reciclados


Casa El sereno
// Restaurant Antojo Muro Gourmet // Casa Juranda

Pero esta seguridad, este permitir y no imponer, sólo tienen sentido si nos hacemos cargo de la libertad que nos ofrece como material y sistema constructivo (que es también hacernos cargo responsablemente de la libertad conquistada, personal o socialmente) y nos sentimos parte de un proceso de transformación y responsabilidad fascinante que comienza en una mina o en una planta y termina en un detalle de una obra construida. Este es un proceso colectivo, una gran secuencia productiva y de valor en el que podemos hacer nuestras aportaciones en tanto entendamos y percibamos el esfuerzo colectivo que hay detrás. Hacer propia esta mirada es una experiencia que puede contribuir en la búsqueda de la sustentabilidad social, económica y ambiental y de  la calidad de vida en el planeta. Para ello la invitación es a conocer esta cadena de valor y la sugerencia a los actores principales de ella a hacerla visible, visitable y a transparentar los procesos y procedimientos. Así, muchos podrán participar y entusiasmarse con el material, sus posibilidades y potencialidades, participando en la búsqueda de nuevas e innovadoras aplicaciones, usos o prácticas. En otras palabras, la invitación es transversal, a la industria y a los diseñadores, a los arquitectos y a los constructores a indagar la posibilidad de integrar esta cadena de valor. Tal vez no sólo deban los arquitectos tener la posibilidad de conocer el procesos siderúrgico y de transformación del acero (lo que ya es de gran valor y sentido!) sino también la industria debe conocer los procesos productivos de los arquitectos y diseñadores. Si este conocimiento mutuo da inicio a una integración mayor, habremos aportado a un proceso en que producir, diseñar y construir en acero sea una experiencia que se justifique: y eso no es poco!

F. Pfenniger